La empresa reorganiza las áreas y elimina un puesto. Nadie recuerda que esa persona era quien revisaba las especificaciones antes de liberar producción y quien firmaba las evaluaciones de proveedores. La reorganización tenía sentido de negocio y estaba bien pensada desde recursos humanos. Dos meses después aparecen tres hallazgos que no tienen que ver entre sí, y sí lo tienen: todos cuelgan de una responsabilidad que se quedó sin dueño.
Cuando la organización determina la necesidad de cambios en el sistema de gestión de la calidad, estos cambios deben llevarse a cabo de manera planificada. Y la norma dice qué considerar: el propósito de los cambios y sus consecuencias potenciales; la integridad del sistema de gestión de la calidad; la disponibilidad de recursos; y la asignación o reasignación de responsabilidades y autoridades. Cuatro incisos cortos que, aplicados en orden, evitan la mayoría de los huecos que deja una reorganización.
La norma tiene dos requisitos de cambio y conviene no mezclarlos. La planificación de los cambios del sistema cubre modificaciones al sistema de gestión: estructura, procesos, alcance, responsabilidades. El control de los cambios en la producción o la prestación del servicio cubre modificaciones a cómo se ejecuta lo que ya está definido: material, máquina, parámetro, método. Un cambio de proveedor de resina es del segundo tipo; tercerizar todo el proceso de inyección es del primero, y probablemente arrastre al segundo.
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Mantener la integridad significa que después del cambio el sistema siga siendo coherente: que los procedimientos afectados se actualicen, que las interfaces entre procesos sigan cerrando, que los indicadores sigan midiendo algo comparable, que los documentos no se contradigan entre sí. Un cambio bien ejecutado en su propio ámbito puede dejar el sistema inconsistente si nadie revisó qué más lo referenciaba. Ese barrido de impacto es barato antes del cambio y caro después.
La norma no exige información documentada específica en este requisito, pero la planificación sin registro es indistinguible de la improvisación cuando se audita. Un registro útil de cambio del sistema anota qué se cambia y por qué, qué procesos, documentos, indicadores y responsabilidades se ven afectados, qué recursos hace falta liberar, quién asume cada responsabilidad reasignada, cuándo entra en vigor y cómo se va a verificar después que el cambio funcionó como se esperaba.
Cuanto más rápido cambia la organización, más valor tiene el formato. En Jalisco, donde la electrónica, la industria farmacéutica y las empresas de tecnología de Guadalajara reestructuran áreas y adoptan sistemas nuevos con frecuencia, un cambio al trimestre sin barrido de impacto acumula inconsistencias que aparecen todas juntas en la auditoría. En la Consultoría ISO 9001 en Guadalajara se deja instalado ese barrido como parte del proceso de cambio, porque revisarlo antes toma una sesión y reconstruirlo después toma un ciclo entero.
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