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Cómo se hace un estudio de tiempos

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Equipo Consultto

Especialistas en sistemas de gestión · 1 sep 2026

La cotización se armó con un tiempo de mano de obra de cuatro minutos por par. Nadie recordaba de dónde había salido ese número; estaba en la hoja de costos desde hacía años y se venía arrastrando de modelo en modelo. Cuando el pedido creció y se midió en piso lo que realmente tardaba la operación, el tiempo era de seis minutos y medio, y no porque la gente trabajara despacio: el modelo nuevo traía dos costuras adicionales y un cambio de horma que nadie había vuelto a cronometrar. El margen del contrato se había calculado sobre un dato de otro producto. El problema no fue el precio, fue que la decisión más cara de la empresa descansaba sobre un número que nadie había medido.

Qué es un estudio de tiempos

Un estudio de tiempos es la medición sistemática del tiempo que requiere una operación realizada por un trabajador calificado, siguiendo un método definido, con el fin de establecer un tiempo estándar. No es cronometrar lo que tardó el turno ni promediar lo que salió del sistema: es una medición estructurada que separa la operación en elementos, los cronometra sobre varios ciclos, ajusta por el ritmo observado y agrega suplementos.

El resultado que se busca es un tiempo que una persona competente pueda sostener durante toda la jornada sin fatiga excesiva, no el mejor tiempo observado ni el del operador más veloz. Esa distinción es la que hace utilizable el número: un estándar construido sobre el mejor ciclo se incumple siempre y termina desacreditando todo el sistema de medición.

La condición previa, que es la que más se salta, es que el método esté estandarizado antes de medir. Si cada operador hace la operación en distinto orden, con distinta herramienta o con el material colocado en distinto lugar, lo que se obtiene es la dispersión entre métodos, no el tiempo de la operación. Primero se define el método, se documenta y se entrena; después se mide.

Cómo se hace

El primer paso es dividir la operación en elementos: fracciones de trabajo con inicio y fin identificables, de duración suficiente para cronometrarse con fiabilidad. Se separan los elementos que ocurren en cada ciclo de los que ocurren cada cierto número de piezas, como cambiar una bobina o recoger material, porque estos últimos se prorratean. También se separa el trabajo manual del tiempo de máquina, ya que solo el primero depende del ritmo de la persona.

El segundo paso es cronometrar. El número de ciclos necesario depende de la variabilidad observada y de la duración del elemento: elementos cortos y variables requieren más observaciones que elementos largos y estables. Hay tablas y fórmulas estadísticas para determinarlo, y la regla práctica es que se sigue midiendo hasta que agregar ciclos deja de mover el promedio. Los ciclos anómalos, aquellos en que ocurrió una interrupción o un error, se anotan y se excluyen del cálculo, nunca se borran en silencio.

El tercer paso es la valoración del ritmo. El observador califica la velocidad y la destreza del operador respecto a un desempeño normal, expresado como porcentaje: cien por ciento es el ritmo normal, y una persona trabajando visiblemente más rápido se valora por encima. El tiempo observado multiplicado por esa valoración da el tiempo normal. Es la parte subjetiva del método y, por lo mismo, la que exige un observador entrenado y calibrado; cuando dos analistas de la misma planta valoran el mismo video con veinte puntos de diferencia, el estándar no es comparable entre líneas.

El cuarto paso son los suplementos. Al tiempo normal se le agrega un porcentaje por descanso, necesidades personales, fatiga y demoras inevitables del proceso. Ese porcentaje depende de las condiciones reales: postura, esfuerzo, temperatura, ruido, atención requerida. El resultado es el tiempo estándar, que es el número con el que se cotiza, se dimensiona la línea y se programa. Todo el estudio se documenta con la fecha, el método, la persona observada, los ciclos registrados, la valoración aplicada y los suplementos, porque un estándar sin ese respaldo es indefendible cuando alguien lo cuestiona.

Para qué se usa

El tiempo estándar es el insumo de casi todo lo demás. Con él se calcula el costo de mano de obra de una cotización, se determina cuántas personas necesita una línea al balancearla contra el takt, se programa la capacidad disponible, se evalúa el efecto real de una mejora y se sostiene el trabajo estandarizado. Cambiar el método sin volver a medir hace que todos esos cálculos hereden un error del que nadie se entera hasta que aparece en el margen o en el incumplimiento de una fecha.

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Existen alternativas al cronómetro, como los sistemas de tiempos predeterminados, que calculan la duración a partir de los micromovimientos que compone la operación y permiten estimar antes de que el proceso exista, o el muestreo del trabajo, que estima proporciones de actividad mediante observaciones aleatorias. Cada método tiene su terreno; el cronometraje sigue siendo el más usado para operaciones repetitivas ya existentes.

Qué pide la ISO 9001

La norma no exige estudios de tiempos. Exige determinar y proporcionar los recursos necesarios para la operación y el control de los procesos, y exige que la organización, antes de comprometerse a suministrar productos a un cliente, revise que tiene la capacidad de cumplir los requisitos, conservando información documentada de esa revisión. También pide planificar la producción determinando los recursos y los criterios para los procesos.

Cuando el auditor pregunta con qué base se determinó que la organización podía cumplir el volumen y la fecha comprometidos, un estudio de tiempos vigente convierte una afirmación en evidencia. Y como la norma exige controlar los cambios de producción, un cambio de método sin nueva medición deja un hueco visible: el proceso cambió, el estándar que sustenta la capacidad declarada no.

Errores frecuentes

  • Medir antes de estandarizar el método, con lo que se cronometra la diferencia entre operadores y no el tiempo de la operación.
  • Cronometrar al operador más rápido o el mejor ciclo del día y convertirlo en estándar; nadie lo sostiene un turno completo.
  • Omitir la valoración del ritmo, con lo que el estándar depende de a quién le tocó ser observado.
  • No aplicar suplementos o aplicar un porcentaje fijo a toda la planta sin considerar esfuerzo, postura o entorno de cada puesto.
  • Medir con el operador sabiendo que se le está evaluando y sin explicarle el propósito, lo que altera el ritmo y envenena el clima laboral.
  • No volver a medir cuando cambia el modelo, la herramienta o el layout, y seguir cotizando con un estándar de otro producto.

Dónde se rompe en la operación

El estudio se hace una vez, para un producto, y se hereda por analogía a todos los que vienen después. La hoja de costos y el sistema de planeación siguen usando ese número mientras el método en piso se modificó tres veces, y nadie tiene registro de cuándo se midió por última vez ni de qué versión del proceso corresponde. Cuando la empresa maneja alta variedad y series cortas, ese desfase se multiplica por cada modelo. En León, donde la industria del calzado y la marroquinería trabaja con colecciones que cambian por temporada, cientos de modelos activos, mucha operación manual y una parte importante del trabajo en talleres externos, cotizar sobre estándares heredados es una de las causas más comunes de márgenes que se evaporan y de fechas que no se cumplen. Amarrar los tiempos estándar a la revisión de requisitos del cliente, a la capacidad declarada y al control de cambios de producción es parte de lo que se ordena en la Consultoría ISO 9001 en León, donde el sistema tiene que sostenerse sobre operaciones que cambian cada temporada.

En resumen

Un estudio de tiempos mide el tiempo de una operación dividida en elementos, cronometrada sobre los ciclos necesarios, ajustada por la valoración del ritmo del operador y aumentada con suplementos por descanso, fatiga y demoras inevitables. Solo tiene sentido si el método está estandarizado antes de medir, y su resultado debe ser un tiempo sostenible durante toda la jornada, no el mejor ciclo observado. Sirve para cotizar, balancear, programar la capacidad y evaluar mejoras, y por eso hay que rehacerlo cada vez que cambia el método, la herramienta o el producto. Documentado con fecha, método, ciclos y valoración, es la evidencia con la que se sostiene que la organización puede cumplir lo que comprometió.

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