Antes de discutir si un proceso está fuera de control conviene responder otra pregunta: de toda la variación que estás viendo en los datos, ¿cuánta la aporta el proceso y cuánta el propio sistema de medición? Esa es la pregunta que responde un estudio de repetibilidad y reproducibilidad, y es la razón por la que en automotriz se exige para cada característica que se va a controlar. Si el instrumento no distingue una pieza de otra, ningún gráfico de control construido con sus datos significa nada.
La repetibilidad es la variación del equipo: el mismo operador mide la misma pieza varias veces con el mismo instrumento y los valores no coinciden exactamente. La reproducibilidad es la variación entre operadores: distintas personas miden la misma pieza y obtienen resultados distintos. La primera apunta al instrumento —desgaste, resolución, sujeción—; la segunda apunta al método, a la capacitación o a la ambigüedad del criterio de medición. Distinguirlas importa porque la acción correctiva es completamente distinta en cada caso.
El formato clásico usa diez piezas, tres operadores y tres repeticiones, con las piezas medidas en orden aleatorio y sin que el operador vea sus resultados anteriores. Las piezas no se eligen al azar del contenedor: deben representar el rango de variación real del proceso, porque si todas salen del centro de la tolerancia el estudio subestima la capacidad de discriminación del sistema. Los operadores deben ser los que realmente miden en producción, no los mejores del turno.
¿Quieres implementar tu sistema de gestión?
Al validar un sistema de medición nuevo, como parte del plan de control de un producto nuevo, cuando cambia el instrumento, el método o el personal que mide, cuando el estudio anterior salió condicional y se implementó una mejora, y de forma periódica según lo defina tu plan. También —y este es el más olvidado— cuando aparece un problema de calidad recurrente que nadie logra explicar: en un porcentaje nada despreciable de esos casos la causa está en el sistema de medición, no en el proceso.
Muchos R&R existen únicamente porque el cliente los pidió para aprobar la pieza. Se corren una vez, se archivan en el expediente y jamás se repiten aunque cambie el gage o rote el personal. Cuando eso pasa, el estudio deja de ser una herramienta y se vuelve un papel: la característica sigue controlándose con un sistema de medición cuya capacidad real ya nadie conoce, y las decisiones de aceptación se toman a ciegas.
Un R&R por encima del límite invalida los indicadores de proceso que dependen de esa medición: capacidad, tendencia de defectos, porcentaje de rechazo. Por eso conviene que la vigencia del estudio y el resultado de cada característica estén a la vista junto a los indicadores que alimenta, no en un archivo aparte. Eso es lo que permite un módulo de Indicadores y objetivos de tu sistema de gestión: cada indicador con su fuente de datos y su responsable, la frecuencia de actualización definida, y la lectura de tendencia que deja ver si un cambio en el número vino del proceso o del sistema con el que lo estás midiendo.
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