Muchas organizaciones certificadas en ISO 9001 realizan sus auditorías internas, cierran los hallazgos y archivan los informes. Un año después, hacen lo mismo. En la siguiente revisión por la dirección presentan el número de auditorías realizadas y el porcentaje de hallazgos cerrados. Esos datos son necesarios, pero no responden la pregunta que realmente importa: ¿el programa de auditorías está mejorando el sistema de gestión?
Un programa de auditorías internas es, en sí mismo, un proceso del SGC. Y como todo proceso, debería tener objetivos medibles, indicadores de desempeño y un ciclo de mejora. La cláusula 9.2 de ISO 9001 lo pide implícitamente cuando dice que el programa debe "considerar la importancia de los procesos involucrados, los cambios que afectan a la organización y los resultados de auditorías previas". Sin indicadores, esa consideración es arbitraria.
Si tu única métrica de auditorías es "cuántas hicimos", estás midiendo esfuerzo, no impacto.
El indicador más común es el porcentaje de cumplimiento del programa planificado: cuántas auditorías se realizaron de las programadas. Es útil para evaluar la ejecución, pero dice poco sobre la efectividad. Una organización puede ejecutar el 100% de las auditorías planificadas con auditores poco capacitados, procesos poco relevantes auditados y hallazgos superficiales, y ese indicador seguirá verde.
El segundo más común es el porcentaje de hallazgos cerrados en tiempo. También es necesario, pero tiene el problema de incentivar el cierre rápido de acciones sin verificar su eficacia real. Un hallazgo cerrado con una acción que no resuelve la causa raíz seguirá generando problemas.
Mide qué porcentaje de los hallazgos de auditorías actuales corresponden a problemas ya detectados en auditorías anteriores. Una tasa alta de recurrencia indica que las acciones correctivas no están siendo efectivas o que hay problemas sistémicos que el programa de auditorías no está abordando con suficiente profundidad.
Un programa maduro de auditorías internas debería, con el tiempo, detectar principalmente observaciones y oportunidades de mejora, no no conformidades mayores. Si después de varios ciclos de auditoría siguen apareciendo no conformidades mayores, el sistema tiene problemas reales o el programa de auditorías no está siendo suficientemente crítico.
Mide si el programa está auditando con mayor frecuencia los procesos que tienen mayor impacto sobre la calidad del producto o servicio. Si el proceso de diseño y desarrollo —uno de los más críticos— se audita con la misma frecuencia que el proceso de compras de materiales de bajo impacto, el programa no está siendo inteligente en la asignación de recursos.
Un programa de auditorías que genera aprendizaje —que cambia la forma en que la organización opera porque detecta patrones y los corrige— es radicalmente diferente a uno que genera informes. Los indicadores correctos son los que te dicen en cuál de los dos estás.
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