Equipo Consultto
Especialistas en sistemas de gestión · 16 sep 2026
La cuadrilla estaba impermeabilizando una nave en mayo, sin sombra y sobre una superficie negra. A las dos de la tarde el ayudante más joven, que tenía una semana en la empresa, se sentó, dijo que se sentía mareado y se desvaneció. Lo bajaron, le dieron agua y a la mañana siguiente regresó a trabajar. El reporte interno lo registró como un malestar personal. Nadie preguntó qué temperatura había en la azotea, cuánto tiempo llevaba expuesto, si había descansado o si alguien le había explicado cómo aclimatarse. Dos semanas después, en la misma obra, otro trabajador terminó hospitalizado con un golpe de calor. El riesgo había estado a la vista desde el primer día; simplemente nadie lo había tratado como un riesgo.
El estrés térmico es la carga de calor, o de frío, que el cuerpo recibe del ambiente y de su propia actividad física y que tiene que compensar para mantener estable su temperatura interna. No depende solo de la temperatura del aire. Influyen la humedad, que limita la capacidad de enfriarse por sudor, la radiación de fuentes calientes o del sol, la velocidad del aire, la ropa y el equipo de protección, y sobre todo el esfuerzo que exige la tarea. Un mismo ambiente puede ser tolerable para una persona que supervisa y peligroso para otra que carga material.
Conviene separar el estrés de la tensión. El estrés térmico es la condición externa que se puede medir en el puesto; la tensión térmica es la respuesta del organismo: aumento de la frecuencia cardiaca, sudoración, deshidratación y, si la compensación falla, calambres, agotamiento por calor y golpe de calor, que es una emergencia médica con riesgo de muerte. Entre los efectos menos visibles están la pérdida de concentración y de destreza, que elevan la probabilidad de otros accidentes. En el extremo opuesto, las condiciones abatidas de cámaras frías y congeladores producen hipotermia, lesiones por frío y pérdida de sensibilidad en las manos.
La evaluación de las condiciones térmicas elevadas se hace con el índice de temperatura de globo bulbo húmedo, que combina en una sola cifra la temperatura del aire, la humedad y la radiación. Se mide con un equipo que registra la temperatura de bulbo seco, la de bulbo húmedo natural y la de globo, y se calcula con fórmulas distintas para interiores y para exteriores con carga solar. La ISO 7243 describe el método a nivel internacional y la norma mexicana de condiciones térmicas lo adopta como la base de la evaluación en los centros de trabajo.
El valor del índice no se interpreta solo. Se compara contra límites que dependen del régimen de trabajo, clasificado según el gasto metabólico de la tarea en ligero, moderado o pesado, y del porcentaje del tiempo que la persona está expuesta en cada hora. El resultado de esa comparación es un régimen de trabajo y descanso: cuántos minutos por hora puede trabajarse en esa condición y cuántos deben pasarse en un área más fresca. Si la tarea es pesada y el índice es alto, el tiempo permitido puede quedar muy por debajo de lo que la operación espera, y eso es precisamente lo que la evaluación tiene que poner sobre la mesa.
Antes de medir va el reconocimiento: identificar las fuentes de calor o de frío, los puestos y las personas expuestas, los horarios, la duración de la exposición, la ropa y el equipo que se usa y las condiciones de la temporada. Una evaluación hecha en enero en un clima cálido subestima la exposición de mayo, y una hecha en la mañana no representa la tarde. La medición tiene que hacerse en las condiciones más desfavorables razonables y repetirse cuando cambian el proceso, la instalación o la época del año.
La NOM-015-STPS, sobre condiciones térmicas elevadas o abatidas, obliga al patrón a reconocer y evaluar las condiciones térmicas del centro de trabajo, a elaborar un informe con los resultados, a aplicar medidas de control cuando se exceden los límites, a informar a los trabajadores sobre los riesgos y a proporcionar vigilancia médica al personal expuesto. Para condiciones elevadas incluye el régimen de exposición basado en el índice, y para condiciones abatidas establece límites en función de la temperatura y la velocidad del aire y el uso de ropa y equipo adecuados. Es una obligación legal, con independencia de que la empresa tenga o no un sistema certificado.
La ISO 45001 no fija límites, pero integra ese requisito al sistema. El estrés térmico debe aparecer en la identificación de peligros y evaluación de riesgos, considerando la actividad rutinaria y la no rutinaria, las condiciones de temporada, los trabajadores nuevos y los contratistas. La NOM entra como requisito legal y su cumplimiento se evalúa periódicamente. Los controles se seleccionan siguiendo la jerarquía, y la vigilancia de la salud de los expuestos se conecta con el seguimiento del desempeño y con la investigación de incidentes, de modo que un desvanecimiento se registre y se investigue como un incidente y no como un malestar.
Siguiendo la jerarquía, lo primero es reducir la fuente: aislar superficies calientes, apantallar la radiación, extraer aire caliente, ventilar, instalar enfriamiento localizado o mover tareas a zonas con sombra. Después vienen los controles administrativos, que en estrés térmico son decisivos: programas de aclimatación de una a dos semanas para el personal nuevo o que regresa de vacaciones, reprogramación de las tareas pesadas a las horas frescas, pausas en áreas de recuperación, rotación de puestos, hidratación disponible y obligatoria, trabajo en parejas y un sistema claro para detener la tarea al primer síntoma. La ropa y el equipo de protección cierran el esquema, cuidando que el propio equipo no agregue carga térmica.
La capacitación tiene que ir más allá de recomendar tomar agua. Los trabajadores y los supervisores deben reconocer los síntomas tempranos, saber que el golpe de calor exige enfriar a la persona y pedir atención médica de inmediato, y entender que la aclimatación se pierde en pocos días. La vigilancia médica identifica a quienes tienen condiciones que aumentan la susceptibilidad, como algunos padecimientos cardiovasculares, ciertos medicamentos o la deshidratación crónica, y sirve para decidir la aptitud del puesto sin exponer diagnósticos.
El calor se normaliza. Cuando es parte del clima de todos los días, la empresa deja de verlo como un agente físico y lo trata como una incomodidad que cada quien aguanta a su manera, y el estudio de condiciones térmicas termina archivado sin cambiar los horarios ni las pausas. En Mérida, donde la construcción, la agroindustria porcícola y avícola, las plantas de alimentos con cámaras frías, la maquila textil y los servicios hoteleros combinan temperaturas elevadas y humedad alta durante buena parte del año con áreas de refrigeración y congelación en la misma instalación, esa normalización aparece en la primera revisión de la autoridad o del cliente que audita las condiciones de trabajo. Convertir el estudio térmico en regímenes de trabajo, aclimatación y vigilancia médica que realmente operan es parte de lo que se estructura en la Consultoría ISO 9001 en Mérida, donde las condiciones del ambiente de trabajo se gestionan como parte del sistema y no como una costumbre regional.
El estrés térmico es la carga de calor o frío que el cuerpo recibe del ambiente y de su propia actividad, y depende de la temperatura, la humedad, la radiación, la velocidad del aire, la ropa y el esfuerzo de la tarea. Se evalúa con el índice de temperatura de globo bulbo húmedo comparado contra el régimen de trabajo, lo que define cuánto tiempo puede trabajarse y cuánto debe descansarse. La NOM-015-STPS obliga a reconocerlo, evaluarlo, controlarlo, informar y vigilar la salud de los expuestos, y la ISO 45001 lo integra a la evaluación de riesgos, a la jerarquía de controles y a la investigación de incidentes.
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