Si tu empresa fabrica, distribuye, importa o presta servicios relacionados con dispositivos médicos, existe una norma específica que regula la calidad de todo ese proceso: ISO 13485. A diferencia de ISO 9001, que es de aplicación general, ISO 13485 fue diseñada exclusivamente para la industria de dispositivos médicos y sus requisitos responden a las exigencias regulatorias del sector en mercados como la Unión Europea, Canadá, Estados Unidos y México.
ISO 13485 es la norma internacional que establece los requisitos de un sistema de gestión de calidad para organizaciones involucradas en el ciclo de vida de los dispositivos médicos. Fue publicada originalmente en 1996 y su versión vigente es del año 2016. Aunque comparte estructura con ISO 9001, tiene diferencias importantes: es más prescriptiva, exige mayor control sobre procesos estériles y de fabricación, y pone énfasis especial en la trazabilidad del producto y en el manejo de reclamaciones.
La diferencia más importante es el enfoque regulatorio. ISO 9001 busca la satisfacción del cliente y la mejora continua como fines en sí mismos. ISO 13485, en cambio, parte del cumplimiento regulatorio como requisito no negociable — la seguridad del paciente está por encima de cualquier otra consideración. Por eso, la norma exige controles más rigurosos sobre el diseño, la validación de procesos, el control de cambios y la gestión de riesgos del producto.
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En Europa, el Reglamento de Dispositivos Médicos (MDR 2017/745) requiere que los fabricantes que quieren comercializar en la Unión Europea demuestren conformidad con un sistema de gestión de calidad. ISO 13485 es la vía más reconocida para cumplir ese requisito. Sin la certificación, el acceso al mercado europeo es prácticamente imposible para la mayoría de categorías de dispositivos.
Si tu empresa ya tiene ISO 9001, la transición a ISO 13485 es más corta de lo que parece. La estructura de ambas normas comparte muchos elementos, y los procesos de documentación, control de registros y auditorías internas ya están establecidos. Lo que requiere mayor atención es el control de diseño y desarrollo (cláusula 7.3), la gestión de riesgos del producto conforme a ISO 14971 y el refuerzo de los procesos de trazabilidad. Una Implementación de ISO 9001 desde cero acelera significativamente ese proceso.
El proceso desde la decisión hasta obtener el certificado toma entre 12 y 24 meses para la mayoría de las empresas, dependiendo de la madurez del sistema actual y la complejidad de los productos. La auditoría de certificación la realiza un organismo notificado acreditado, y el certificado tiene una vigencia de 3 años con auditorías de seguimiento anuales.
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